De exposición y manoseos

Por: Rommy Morgado (Chile)

Aquí estoy, tirado sobre el mesón, con todos los ojos puestos en mi cuerpo, miro sus caras de asco, sus ojos fijos en mis ojos y en mi miembro, les asombra la forma y la conservación.

El mayor, con delantal blanco y unos guantes de goma, junto con unas pinzas, abre mi estómago con frialdad y naturalidad. La cara de horror de las asistentes es impresionante, algunas buscan mis ojos, otras esconden el rostro y las muy pocas soportan el espectáculo.

El del delantal, levanta el peritoneo, como él mismo dice, y muestra mi bazo, junto con mi hígado y mis pobres intestinos maltratados por la grasa de la mala alimentación. Para encontrar el bazo, se encarama sobre mi cuerpo de momia, e introduce como pala en el barro su mano grande, no siento nada, hasta que luego de buscar y buscar lo encuentra.

Parece que no huelo muy bien, seguramente mi olor es más desagradable que el momio de a lado, ya lleva más tiempo en esas condiciones y lo tienen abandonado y de exposición. Todos lo ven, parecen estar más acostumbrados a su presencia que a la mía, pues algunos vómitos me impresionan por la rudeza de expulsión.

Luego de todo el show, comienza la ronda de preguntas, una preguntó porqué me había esfumado del tiempo y del espacio, otras preguntaron dónde me habían adquirido y al parecer a una le interesé más, porque preguntó mi edad. El profesor -en ese momento supe quien era el tipo de las manos intrusas por las preguntas de las alumnas-, dijo: pregunten cosas más importantes. O sea, no soy importante, me meten y me sacan, me manosean y todo...pero no soy importante.

Eso me molestó y actué. Mientras seguían con su vista en mi rostro y se reían de mi bigote y corte de pelo, yo miré fijo a una morena, bien armada por cierto, que además había acertado a mi edad, 35 años. La miré tanto que incluso sentí su temor, luego hice mover mi mano rozando su pierna y algo más, muerto pero no tonto, y finalmente debido al caos provocado por el susto de la inocente pieza escogida y la bulla generada, mi cuerpo se alzó y cayó sobre el maestro. El maestro se rió y me miró diciendo: está bien, no te enojes más conmigo, enseguida coloco todo en su lugar, tu riñón, tu estómago, tus intestinos y hasta tu peritoneo en la posición debida, sólo deja de joderme las clases de anatomía.

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