El mecánico de avión

Por: Jorge "Killer" Cáceres (Perú)

Son curiosas las increíbles situaciones en que te coloca la vida. Descubrir como los roles fugaces de nuestra existencia van dando vueltas como círculos: el que fue niño ahora es viejo, el que era fuerte, hoy es débil. Dan vueltas como esta llave mientras ajusto este perno. Cada vez que ingreso un perno de estos en el poderoso motor de un avión, en el corazón mismo de la nave, mi vida entera pasa como un rayo, atravesando las etéreas dimensiones del tiempo.

Me veo de niño en mi añorada Italia, era feliz en el campo, pero todo cambio cuando sentimos la respiración del monstruo, el tirano cruel. La peor de las plagas: La guerra. Llegó galopando, feroz, implacable. Abandonamos el campo, vivíamos en campamentos, en refugios. La guerra soltaba sus garras: las bombas que caían del cielo, destrozando, aniquilando sin piedad, sin distinción. Rugían los aviones, era el monstruo que llegaba, y luego las garras que caían silbando en el aire. Nuestra sangre ya no era sangre, aquella estaba desparramada, tiñendo las paredes, las veredas, los ríos. Terror era lo que circulaba por nuestras venas, hielo aguijoneando nuestras arterias, nuestros corazones.

Doy otra vuelta al perno, delicadamente, falta poco. Es curioso, decía, que yo, sobreviviente de esa guerra, este trabajando aquí, en la fuerza aérea, mimando y manteniendo a estas máquinas de destrucción, al rugido del monstruo.

Guardo un recorte de periódico que conservó mi madre de la guerra, data del 20 de mayo de 1941, curiosamente un día como hoy. Se ve la foto de un hospital que funcionaba como guardería y en el que acostumbraba dejarme cuando iba a trabajar. Sintió un día la imperiosa necesidad de verme y estar conmigo. Me recogió y me llevó a pasear y comer galletas. Horas después una descuidada garra cayó con todo su odio sobre el hospital repleto de niños. Malditas máquinas, maldito dios que permitiste esa y tantas desgracias. Maldita sea la guerra. ¡Maldita!

Es curioso, decía, pero todos tenemos debilidades, la mía es la mecánica. Los aviones también tienen su debilidad, por eso estoy yo aquí, para que esa debilidad no se manifieste, para que estén siempre en perfecto estado y en caso de conflicto puedan liberar las garras con precisión, y puedan seguir navegando en el reino de los cielos.

Así pues, pensando en estas cosas curiosas, termino de introducir este perno rajado en el motor del avión. Y es curioso también, como iba diciendo, que nadie se pregunte por qué desde hace 6 años, cada 20 de mayo, cae un avión con el corazón hecho pedazos.