Flores en invierno

Por: Jesús Mendiola (México)

Centellantes luces estroboscópicas se anidan en tus ojos mientras intentas descifrar algún tono verde en el semáforo. Tu Porsche joplinesco anuncia involuntariamente lo que todos ya sabíamos: estás aquí, pero no.

Yo, por mi parte, camino por el parque a ciegas guiado por un par de nomeolvides que han florecido este invierno. Eso me da esperanzas de conseguir lo imposible, a pesar de lo muerta que está la naturaleza en estos días, aunque sin pieles doradas. Se le ha escapado al mundo marchitar a esas dos pequeñas flores y a mí se me olvidó olvidarme de ti. Ahora estamos a mano y nadie vendrá a decirme que errar es de humanos. Errar es de todos. De los animales, de las plantas, de las piedras. Así, errado y errante termino otra vez en donde comencé: solo y en casa.

Apenas cruzo la puerta y soy recibido no por una, ni dos, sino por nueve Marilyn Monroes de colores con Andy Warhol encima. Una escena típica en casa. Nada de lo cual sorprenderse. Aquí pasa de todo, he tenido a perros jugando naipes hasta tarde, cisnes reflejando elefantes y hasta un florero lleno de girasoles, a pesar de que a mí lo que me gusta son las nomeolvides. Al menos desde hoy.

Te escucho pasar desde la ventana y vas tan rápido que no te puedo ver, pero quedo satisfecho. Quizás mañana te detendrás un momento y tocarás a mi puerta. Por ahora será suficiente si logras encontrar tu propio camino. El efecto primario de tus medicamentos se desvanece poco a poco de tu cuerpo, como lo delata tu mirada. LOVE y tú ahora están atentos al mundo real y en un par de segundos te das cuenta que estás lejos de casa. Vuelves a cruzar por mi ventana y ahora todo sucede al revés. No logro escucharte pero te veo estacionar a LOVE y venir directamente hacia mi puerta. Sinceramente no lo puedo creer y vuelvo a echar un vistazo para estar seguro de que no ha sido una alucinación. Bajo corriendo las escaleras y abro la puerta incluso antes de que llegues a tocar el timbre.

Estoy congelado y no sé qué decir. Tú balbuceas un par de palabras que no parecen tener ningún sentido y te dejas caer sobre mis brazos. Estás exhausta y ahora también desmayada.

Te recuesto sobre el sofá y te miro dormir durante una o dos horas. Y sólo paro porque despiertas, preguntas dónde estás, te lo explico y me das las gracias. Después vas en busca de LOVE y corres rumbo a casa. O a cualquier otro lugar.

Yo me quedo bajo el quicio de la puerta y te veo partir con mi corazón repleto y desbordante de amor. Me doy cuenta que en verdad estoy enamorado. Me doy cuenta también que las probabilidades de lo que acaba de suceder eran nulas. Vincent, mi gato, también me recuerda con un maullido chillante que nunca antes habíamos cruzado palabra y probablemente tampoco me habías visto en tu vida.

Pero así es esto, si hay flores en invierno ¿porqué no esperarlo todo?