Mujer mirando hacia otra parte

Por Norma Cuéllar (México)

Mirthala frente al espejo se recuerda: está casi igual que hace 10 años. Todo gracias a sus cachetes, los mismos de los que siempre se queja y vive amenazando con quitárselos para quedar como Kate Moss. Ya llegó el día. Ha esperado una década para ver de nuevo al “amor de su vida”: Edgardo Vega.
Desde la graduación de prepa ya no supo de él. Mirthala se quedó en Nuevo León. Esperando por él en Guadalupe, yendo a cada antro del estado, a cada café, a cada bar para ver si se lo encontraba. Nada.

Pero mañana va a ser la reunión de la camada 1992-1994 de la preparatoria 15, ya le aseguraron la presencia de más del 80 por ciento de los estudiantes.
Es de noche, ya tiene toda su ropa del día siguiente limpia y planchada. Hasta se inyectó una solución para retrasar su periodo, no quería contratiempos. Dicen que la persona que te rechaza es a la que más recuerdas. Nunca pudo siquiera tocarle un brazo, acercarse siquiera a aquella boca rosadita.

En tiempos de escuela él siempre supo del amor de ella y siempre la ignoró. Sólo una vez platicaron todo un día largo y tendido; al final de la jornada él le pidió ser incluido en su equipo de Historia de México, porque ella tenía el trabajo a máquina ya terminado.
Mirthala, ya acostada, recuerda ese incidente –como acostumbraba antes de dormir– y lo perdona –como siempre– diciendo para sus adentros: yo también lo hubiera hecho. Miente.

Amanece. La junta de generación será en una quinta, a las 6 de la tarde, en Los Cavazos. Ella come, se baña al mediodía, se arregla. A las 3 de la tarde ya está lista para salir, espera el reloj a las 5:30 viendo televisión para distraer sus nervios. Algunas ex compañeras le mandan mensajes al celular confirmando su asistencia.

Ella se va en taxi a las 5:30, guiada por un croquis. Llega a la quinta a las 6, saluda y abraza a los pocos ex compañeros de prisión puntuales, sus antiguos compinches de trague, de comer en el salón de clases conchitas con salsa verde y lonches, pastel, chocolates.
Todos platican y ríen, recordando pendejadas de hace 10 años, les da hueva hablar de su vida actual porque creen –o saben– que no se verán de nuevo hasta dentro de otros 10. Llega más gente, algunas ex compañeras con sus esposos y bebés. Cheves para todos, un karaoke, cintas, mesas con antojitos.
Ella es atractiva, y varios ex compañeros solteros como ella se le acercan, le sacan plática.

Pero ella no deja de mirar hacia la entrada del lugar: Edgardo no llega, y ya son
las 8:30.
Sus amigas Rosita, Ana y Laura llegan y ya juntas en bola toman, fuman, juegan con la comida como lo hacían en la escuela, se suben al improvisado escenario para cantar karaoke. Qué afán de ser el centro de atención. Por eso en las misas de la prepa siempre las castigaban, por hacer la lengua taquito con todo y hostia, por darles a los cánticos religiosos toques de cumbia.
Mientras cantan “Tu Cárcel”, de Los Bukis, Mirthala se sorprende: su amor imposible ha llegado, ya hasta lleva dos platos de flautas. Él platica con varios amigos, de repente voltea al escenario, sonriendo.
Ella se apena, ya no canta con enjundia. Ya ni desgarra la voz en las rolas de Paquita la del Barrio. Luego el grupo baja del escenario entre aplausos, cenan. Edgardo ya está medio pelón, se ve más delgado. La cerveza sigue fluyendo, el objeto de deseo está lejos de Mirthala, quien ríe con sus amigas y lo ve de reojo; toma cerveza Indio, lo ve de reojo.
Al fin él se acerca, sólo para saludarlas levemente y pedirles lumbre para su Camel. Ya hay varias personas ebrias, bailan al ritmo de las cintas. Mirthala y sus amigas no quieren bailar, nomás platicar y emborracharse.
Él se la pasa con hombres. La gente se va retirando poco a poco, es casi medianoche. Sólo quedan las personas exactas para poner sillas en forma de círculo y conversar; Edgardo y amigos se juntan con Mirthala y amigas. Ella conversa con un amigo de su amado.

A las 3:45 de la mañana sólo quedan las personas suficientes para repartir en dos autos a los desvelados: Mirthala, Rosalinda y Edgardo se van en el Sentra de él, porque se ofrece a darles aventón.
Él y Rosy van adelante, platicando; Mirthala va atrás, callada. Primero dejan a Rosalinda, entonces ahora queda adelante la pareja principal de esta historia.
Él pone un CD de Metallica a todo volumen. Ella sueña: en un semáforo en rojo él la besa desesperadamente y confiesa: “Yo también te ha extrañado” y “Te adoro, nunca te dije nada por timidez”. Falta un buen tramo para llegar a casa de la joven. Mirthala ha cambiado algo desde la prepa... y ya está peda. Busca en su mente temas de conversación, mirando a través de su ventana.

El tiempo corre.

Cómo hablarle de su vida actual si hacía apenas unos días había estado en la cárcel porque la cacharon intentando robar joyería en un García Yturria, la quería para venderla y pagarse una operación de busto, para que él la viera tetona. Y al menos por eso la pelara.
Cómo preguntarle “dónde se rola” si tiene pavor a hablar porque por la peda que trae le saldrían puras incoherencias; también tiene pavor de haber sido vista por él cuando la han corrido de antros porque ya borracha se pone a vomitar como Linda Blair en El Exorcista.
Cómo platicarle de sinceridad si ella días antes habló por teléfono con las “viejas estúpidas” pretendidas por él en la prepa y les avisó “en buena onda” que la reunión de generación había sido cancelada por un evento cristiano.
Cómo decirle que su amor por él es como una droga, si ya probó la coca, la marihuana, el crack; si ya estuvo un buen tiempo siendo adicta al sexo, de hecho todavía lo es. La neta, nomás piensa en empinarse y ser cogida como animal, porque la costumbre dicta acabar así cuando está a solas en un carro con un hombre.

Tic tac.

Cómo invitarlo a casa a cenar, si no lo quiere ni cerca de la cuadra porque ya se ha cogido a todos los vecinos, y todos le gritan “¡zorra!” porque una vez se los echó a todos en un aparatoso gang bang.
Cómo decirle de nobleza, si lleva más de 15 novios-amantes, y muchas veces se ha cogido a hombres con novia, nomás porque no soporta que a un chavo le guste más otra morra.
Cómo platicarle de bondad, si ha tenido tantos abortos… ya asesora profesionalmente a chavitas próximas a hacerse uno en clínicas clandestinas –y le deja más lana que su chamba en Merkafon.
Cómo hablarle sobre honradez… la neta, ella llegó en su propio carro a la quinta y fingió no saber de quién era ese Taurus viejito, para irse con él.

Llegan a su calle. Mirthala, vencida, parpadea mucho para no soltar alguna lágrima. Para abrirse la puerta del Sentra hace un enorme esfuerzo. Se despide con puras frases hechas: “no te desconectes”, “estamos en contacto”, “me dio mucho gusto verte”.
La Penélope moderna entra a su casa y se acuesta, mareada. A lo mejor, en otros 10 años, se encuentren en otras circunstancias.

2 comentarios:

William Zapata M. dijo...

Nace un nuevo clásico de las letras; estás sola en este desierto de la literatura latinoamericana.

Anónimo dijo...

...Ella se va en taxi a las 5:30, guiada por un croquis.... y luego ella llegó en su propio carro a la quinta y fingió no saber de quién era ese Taurus viejito, para irse con él.... se fue o no en taxi??... yo si pongo atencion... jaja saludoss monitaaaaa, que hermosos churrosssss