AHORA ESCRIBO YO. Capítulo Final

Capítulo 3

Subo por las escaleras hasta el departamento de Paula, cuarto piso, segundo pasillo a la derecha, puedo llegar hasta con los ojos cerrados, he recorrido este trecho infinidad de veces. Pero hace mucho que deje de refugiarme en las piernas de Paula, Blanca ocupo su lugar pero después de lo sucedido en el bar del Chino la estoy tachando de mi memoria.
Llego hasta la puerta, pequeñas gotas de sangre he dejado a mi paso, como las migas de pan de Hansel Y Gretel, pero esto no es un cuento, es mi vida dejándome lentamente.
Antes de tocar apoyo mi oído a la puerta del departamento de Laura.

Se estremece todo al contacto. Es el olor a lavender de sus inciensos eróticos. Paula siempre tuvo la delicadeza de dejar su olor por donde pasara. La puerta huele a ella.
La música rompe con este silencio fugaz que entorpece mi forma justa de pensar. Te quiero ver Paula. Dame una razón para alejarme de esta puerta. Permíteme recapacitar. Un montón de dudas pasan por mi cabeza. Verla nuevamente podría resultar en una misión suicida. No soy capaz de enfrentar mis propios miedos, la vida me ha dotado con un manojo de sentimientos estúpidos. No valgo la pena. Quiero morir en sus brazos. Mi oreja aún sangra.
Tres toques y me congelo. Pistola en mano. La música clásica aun retumba en las paredes. Eso es lo que suele escuchar Paula para que los vecinos no se enteren de lo que habla, (cuando habla), a veces hasta cuando calla.

Duermes. Me acerco lo justo para oírte soñar, y quisiera amarte eternamente así, dormida, tierna, tranquila. Y me dueles en la boca, en las entrañas, en la punta de unos ojos donde dicen que habita el alma. Me dueles con rabia, como perro. Porque conozco la delicadeza de tus calles y el peligro abismal que esconden tus curvas, pero nunca te he visto tan desnuda como hoy cuando posan tus sueños frente a mis ojos, hablándome con ganas al oído sangrante. Te observo desnuda, y sin frio en la piel me saturas la conciencia de huracanes y sudores helados.
Siento que respiras esas melodías que ya no escucho y seguramente, es el mismo compas de siempre: Mozart acariciando el piano para Elisa. Y al fin comprendo que nunca entenderé las fibras de tus silencios, de tus caricias. No soy capaz. Pero tú si lo eres. Eres experta en volverme loco, en desquiciarme en un segundo y al segundo siguiente, redimirme en pájaro. Te miro y no me canso de verte. Curioso, trato de descifrar esos gestos, esas poses, y dormida no te encuentro. Eres la misma pero distinta, no eres Paula. Ahora no.
Esta ternura blanca que besa radiante, no brilla igual en piel de hienas.
Ya no sangro. Y no sé si me he desangrado al verte o es que después de ti, perdí la vida.
La pistola estremece en mi mano izquierda y de pronto, con el impacto y la pólvora recordé que no recordaba que la sostenía del gatillo sin seguro. Ahora, lo único que tengo seguro y claro, Paula, es que te prefiero así, eterna amante dormida.
Estoy en el suelo, aturdido, sediento... abro un poco los ojos, sigo aturdido y no veo más allá de mi nariz… solo alcanzo a escuchar gritos que me sacan de mi sordera temporal para ahogarme en un pánico de sirenas y murmullos. Paula ha despertado.

Los zombis se apoderan de la ciudad y uno de ellos, el cadáver de un cincuentón flacucho como perro con moquillo, rompe el ventanal introduciéndose con torpeza. La bala le ingresa por la boca y poco después su sangre podrida ensucia las cortinas. Descargo el arma contra otros muertos vivientes.
- ¿Es una pesadilla? - Pregunta Paula desesperada.
- No esperaré a que me arranquen la garganta por averiguarlo.
Por supuesto que era real. El Chino traficaba órganos humanos desde hacía una década y había oído de sus experimentos como un buen chiste de bar. Trabajaban en un virus letal y por la conmoción que provenía del exterior había triunfado.
La tomo de la mano y corremos hacia el centro, es una buena hembra, no una estúpida princesita asqueada de su propia mierda, mientras corremos penetra el casco de una anciana ávida de morderla con un cuchillo carnicero. Detalles que enamoran a un hombre.
Luce una mordida en su brazo, lo venda en silencio, sin quejarse una vez en más de dos horas.

La situación esta harto jodida. Llueve a cantaros y veo a Paula cada vez más débil, aunque no se queja es evidente su desgaste. Los putos zombis han quedado atrás, son lentos y estúpidos, eso nos da una pequeña ventaja.
Pienso en Irina, ¿cómo estará?, ¿sobrevive? Debo encontrarla, ella tiene la clave para desentrañar esta mierda; ella y el imbécil de Salgado. Debo matarlo, pero le sacaré primero la información, y lo haré lo más lento posible. Se lo ha ganado el muy desgraciado.
-Paula, ¿estas bien? ¿descansamos?
-No, no debemos detenernos. Podría haber más zombis en el área.
-Pamplinas. Deja, te limpiaré la herida.
Es valiente y decidida; además tiene unas bubíes de naufragio. En cuanto pueda me la tiro. ¡Mierda!, estamos hasta el cuello en excremento y yo pensando pendejadas.
-¡Joder!, esto esta feo; creo que se te infecta rápido la herida. Debemos encontrar antibióticos pronto.
-Conozco el área, unas dos o tres cuadras al norte está el Hospital Siquiátrico de la ciudad. De seguro encontraremos medicinas y algo de comer.

Allí no encontramos nada ni un solo antibiótico. Todo estaba devastado hasta los loqueros y sus pacientes se habían marchado o se habían convertido. Ahí volví a curar a Paula y la dejé acostada en una habitación del manicomio, cerré la puerta con llave. Consideré que este era el lugar más seguro para Paula ya que ella no podía ya caminar Pobre Paula, mordida y hundida, convertida psicológicamente en una zombie y yo repleto de energía buscando la venganza, pensando en localizar a Irina para que me chive en donde está Salgado. Irina, recuerdo aquella vez que como una posesa me libaba todo mi cuerpo buscando que declarase que la deseaba., hasta que en el momento más excitante nos interrumpió Daniel para hablar sobre un trabajo sencillo que tenía yo que realizar y que resultó de lo más sangriento que recuerde… Aunque no, Salgado no puede esconderse en un agujero de mala muerte para evitarme. El sabe que lo buscaré. Necesito regresar al principio, al bar del chino, donde pensará que es el sitio más fiable y que ahí no lo descubriré.
Evitar los restos desmembrados del festín caníbal y a esos zombis malolientes, ensangrentados, con esa mirada sin vida, me costó mucho trabajo. Parecía que me seguían el rastro y los sorteaba a duras penas ya que sabía que no podía matarlos ya que estaban ya muertos. Parece mentira lo que puede hacer un virus ideado por un científico loco y un grupo de malvados con ansias de poder y el único que podía detenerlos era yo. Necesitaba encontrar el remedio que curaría a Irina, el antídoto contra este poder letal que podía destruir la humanidad. Agallas no me faltaban pero precisaba ser el héroe de los videojuegos que conseguía derrotar a las fuerzas del mal.
Gael Taborda, al que le había mandado al otro barrio con un tiro entre los ojos estaba esperándome en la puerta del bar del chino. Le disparé hasta acabar la munición y el tío con esa cara grotesca que le había quedado parecía que se estaba riendo de mí empezó a caminar hacia mí. Busqué un escape por la retaguardia y al mirar me di cuenta que estaba rodeada de zombis. No cabía posibilidad de una evasión, estaba perdido. Pensé en Paula y pensé en mí. ¿Si yo soy el salvador de la humanidad quién salvará a Alejandro Duarte?

...

- ¿Cómo se llama el de la habitación 57?
- Creo que algo así como Sam, Sam Becket. Cuando le preguntaban decía uno y luego decía el otro. Ya le tomaron la tensión y le inyectaron para que se tranquilizara.
- ¿No te recuerda a Sam? El paciente que se escapó hace 8 meses? ¡pobrecito! Tiene toda la cara destrozada. No ha dejado de nombrar a un montón de gente. Una Blanca y otra Irina.
- Creo que sí, es Sam, el muchacho que de pura hambre y escribiendo se descompuso. Además, según dice la estocada que lo volvió loco fue la muerte de un amigo que siempre nombre, Alex o algo así.
- Anda mejor sigue barriendo que ya nos va a agarrar la noche y hoy está el metro de huelga.

FIN

Participaron en este capítulo: Damián Carrillo, Yosie Crespo, Urlanda Von Borstel, Cristián Berríos, Manuel Emilio Montilla, Ana Zarzuelo Álvarez, Belkys Arredondo Olivo