Nombre: Freddy A. Murphy.
Alias: sin alias.
Fecha de nacimiento: 6 de enero.
Lugar de origen: Ciudad de Guatemala
Categoría: Escritor Serial.
Fichado por KALA Editorial: Jueves 1 de noviembre de 2007.
Antecedentes Literarios: estudió diseño gráfico y publicidad, profesor de historia y por licenciarse en la misma carrera. No ha ingresado en ningún concurso literiario, desde hace dos años participa en el taller de narrativa de Raúl de la Horra, en la embajada de México.
Participa con un relato en el libro "Escritores Seriales. Antología 0.1"
Profesión Legal: Escritor de blog, diseñador free-lance, fotógrafo aficionado.
Trastornos Mentales: Si no fuera por esta, podría decirse que no tiene adicciones, pero el consumo diario de café lo ha llevado a invertir fuertes sumas de dinero para satisfacer su exigente vicio.
Actualmente vive con tres mujeres que son su perdición entre las que se encuentra su esposa Lorena y sus dos hijas, Pamela y Alejandra.
Tiene la loca idea de instalar bibliotecas infantiles en los pueblos del interior del país y así colaborar con la extradición del analfabetismo que los azota.
Apasionado por de todo lo cotidiano convertido en poesía, posee extrañas desviaciones literarias y fuerte inclinación a la fotografía, está última atracción lo ha llevado a retratar el hermoso rostro de su país, una tierra que a pesar de que llora y sangra, no ha cesado de ser una profunda obsesión para los viajeros más extravagantes.
Vive en una realidad paralela, es el dios temporal de sus creaciones limitadas, ama la vida por eso escribe sobre la muerte.
Cita: “El mayor desafío de un escritor es creerse a sí mismo el cuento de que escribe”.
Relatos publicados digitalmente en KALA Editorial:
- Inocencia. 1 de noviembre de 2007.
- Él sabe que no lo amo - 3 de diciembre de 2007.
- El elegante vestido rojo - 23 de enero de 2008. Relato ha sido incluído en el libro "Escritores Seriales. Antología 0.1"
- Maldita pluma - 13 de mayo de 2009.
Expediente de Freddy Murphy
16:10 | Etiquetas: Freddy Murphy | 1 Comments
Inocencia
Por: Freddy Murphy (Guatemala)
El agente de policía lo encontró debajo de la cama en posición fetal, con las manos ensangrentadas tapándose las orejas. La luz de la lámpara del oficial reflejaba dos ojos negros nadando en lágrimas.
Dígame su nombre, gritó el guardia de la estación con la camisa de fuera y el cincho desabrochado.
Juan Miguel Batista, musité
Edad: 58 años
Estados civil: soltero
-¿Sabe por qué esta aquí?
- No sé. Contesté
-Está acusado de asesinato de Ángela Gómez.
No recordé nada más; sentía frío y de las sombras de mi celda emergían caras deformes que se desvanecían, lo único seguro es el cadáver de mi vecina y que yo estaba en su apartamento.
Las fuerzas me habían abandonado, ya no podía resistirme a los pensamientos que me perseguían. Cerré los ojos y lo volví a vivir. Estábamos juntos con Juan y Manuel Andrés, escondidos de la maestra Eufemina, lo recuerdo muy claramente, hasta puedo sentir el olor a basura al esconderme detrás del recipiente que la contenía.
El momento era justo antes de que cerraran la puerta de la escuela que da a la calle, trataron de convencerme de que me fuera con ellos, pero decidí tomar prestado dinero de mi madre primero antes de reunirnos en el centro comercial.
Llegué sudando y cansado por el escape, fui directo a la cocina a beber agua, cuando de pronto oí un golpe en la puerta, escuché voces y aún con el bolsón en la espalda corrí a mi habitación hasta esconderme debajo de la cama.
Las risas se hicieron más fuertes; luego de un rato reconocí la voz de mi madre que se aproximaba, pero ¿Quién sería la otra persona? No lograba reconocerla.
Si me encuentra aquí ella va a golpearme como la última vez que me expulsaron de la escuela por cortarle una trenza a mi compañera Teresa, pensé.
Se dirigió hasta mi cuarto con el desconocido y vi caer la chaqueta, la blusa y la falda de mi madre junto con el pantalón de su acompañante, mas tarde cayeron cerca de la puerta los interiores de ambos.
Quise salir corriendo, pero por las risas de los dos sabía que a mi mamá no le estaban haciendo daño. Manuel me ha dicho lo que hacen los padres en la intimidad, pero éste no era mi padre.
Luego de mucho escándalo y golpes de cabecera, llegó repentinamente la tranquilidad allá arriba. Ya de grande maldije la cobardía de mi madre por no haberlo hecho en su cama.
Recogieron sus prendas y arreglaron mi cama, y observé cómo los dos pares de piernas abandonaban mi habitación y el tiempo pasó como si nada.
Desde entonces han pasado 48 años, y es en este lecho duro de la celda donde recuerdo que golpeé a Ángela mi con rabia hasta matarla, le dí por lo que le hizo pasar a su hijo, y no saber lo duro que es vivir con ese recuerdo. Su rostro se intercambiaba con el de mi madre, y es que en ese momento no pude soportar ver salir debajo de esa infantil cama al hijo de la vecina que, aún desnuda, descansaba en mi espalda.
20:18 | Etiquetas: Freddy Murphy | 0 Comments
Él sabe que no lo amo
Por: Freddy Murphy (Guatemala)
Me levanté y lo primero que vi fue al que le pertenecía, esa noche me hizo suya, muy temprano acariciaba suave mis partes sensibles con sus manos, algunos le dicen que su vida ha cambiado desde que vivimos juntos, soy para él su perfecta compañera; nunca le ordeno qué hacer, hablo sólo cuando me lo permite, jamás he sido despilfarradora de su riqueza, no lo critico, siempre estoy cuando me necesita y lo mejor de todo es que le permito que esté con otras con mi consentimiento, el pobre necesita de otras experiencias para darse cuenta que soy la mejor en su vida.
Lo primero que le gustó desde que nos conocimos fue mi figura, clásico en los tipos de su especie, luego se dio cuenta de mi inteligencia y mi capacidad para hacerlo feliz.
No puedo olvidar la primera vez que me llevó a su oficina, todos estaban encantados conmigo, en un instante me volví el alma de la fiesta, sus compañeros admiraban mi belleza y capacidad, él me lucía con orgullo hasta el punto de llevarme al despacho de su jefe el cual miraba con ojos de aprobación mientras le susurraba que deseaba una como yo, me paseó por todo el lugar para despertar la envidia de todas las secretarias, entramos a su oficina y luego de encenderme hicimos lo que sabíamos hacer juntos, dejando la puerta abierta para se dieran cuenta lo dichoso que era.
Nunca escuchó que me sentía cansada o me dolía la cabeza a pesar de ser un hombre de comunión diaria. Él sabe que puede hacerme lo que quiera pero el día que me trate mal o me golpee se arriesga a perderme para siempre, por eso me trata con mucha delicadeza.
Con todo esto aunque soy perfecta y me he vuelto su esclava, no puedo evitar que el día que sea demasiado vieja, me cambie por un modelo más reciente.
A mí no me importa, por que sabe que no lo amo, y algún día dejaré de ser su nueva computadora portátil.
13:55 | Etiquetas: Freddy Murphy | 0 Comments
Maldita pluma
Por Freddy Murphy (Guatemala)
No he podido dejar de escribir desde entonces, cada vez que lo intento, la mano no me obedece. Ese día en que todo cambió, volví a sentir como la hoja en blanco se burlaba de mi incapacidad para concretar alguna idea. Cuando decidí describir lo que pasaba a mi alrededor en ese viejo café, observé que la escena no reflejaba nada interesante, hasta que hizo su entrada triunfal un tipo vestido impecablemente con un saco oscuro bien tallado sobre una camisa de seda negra y una brillante cadena de oro blanco con una cruz que colgaba de su cuello.
Me sorprende que al empezar mi pluma se había quedado sin tinta. Nada me hace enojar tanto que quedarme sin la tinta de mi pluma, estaba furioso por mi descuido y la inutilidad de ese instrumento por haber dejado a medias con el relato. La moví por todos lados, le desatornillé la punta, pero era inútil cualquier intento de convencerla para que imprimiera en el papel lo que yo observaba desde esa mesa.
Minutos después entra otra curiosa criatura que parecía modelo de lencería, joven, morena, bella hasta ya no poder, vestida únicamente con un traslúcido vestido blanco. Se acercó al tipo de negro, quien presumió ese cálido saludo a todo los que observamos a la chica. Al sentarse los dos, el hombre se levantó de su silla de inmediato y atento me ofreció su estilográfica dejando salir de la manga el Rolex Explorer, pensé en rechazar la oferta de ese pedante que deseaba verse bien frente a su novia, pero la pluma era una bellísima Mont Blanc edición especial que fascinado acepté. Pensé en los millones de cuentos que tendría que vender para comprarme una parecida, al quitarle el tapón para continuar con este relato, la letra me cambió de súbito, se tornó bella y ligera, la tinta no sólo imprimía, si no que de forma muy extraña quemaba el papel del cuaderno, a lo lejos vislumbre un vapor que este producía con su contacto, la escritura dio un giro frenético, veloz e incontrolable, debo admitir que me gusto el vuelco pero me asustó lo que escribía…
-La maravilla de la muerte es la belleza insondable de transición eterna que conspira contra la misma subsistencia aferrada a frágiles esperanzas.
Más frío que el hierro subterráneo es el alma desarraigada del calor del fluido de sangre viva, no existen huesos que no se sientan resquebrajar ni piel quemada por el gélido clima del espíritu desprovisto de cuerpo.
¿Que diablos es esto? Pensé.
Seca como el hambre de un niño recién nacido que grita exigiendo la gota de vida a una vida errante cargada de muerte oscurecida por la luz en movimiento eterno.
Cada milímetro de su existencia clama ardiente como boca llena de arena asfixiando el sonido de auxilio. Sin piel, sin huesos que soporte la carne consumida por el viento salado que evapora pasmosamente con sonidos de brasas enfurecidas. – no suena tan mal me dije al descubrir aquel extraño individuo susurrando al oído de su compañera.
-Un demonio no puede experimentar amor a nada ni siquiera a su mismo ser por que aborrece con odio infernal la culpa de su vacía realidad. Déjame entrar en tu cuerpo y alivia mi pena eterna y verás en lo que convertiré tu finita y miserable existencia, déjame entrar en tu cuerpo…déjame entrar en tu cuerpo. El tipo de negro guiñó su ojo invitándome a obedecer la súplica
Déjame entrar en tu cuerpo… Esta frase se repetía en mi mente cuando apresurado devolví la maldita pluma al diablo recién salido del infierno, pero éste ya no estaba, había desaparecido.
12:15 | Etiquetas: Freddy Murphy | 0 Comments




