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Expediente de Romina Morgado

Nombre: Romina Nicole Morgado Pradenas.
Alias: Rommy, Inti.
Fecha de nacimiento: 11 de noviembre.
Lugar de origen: Valparaíso, Chile
Categoría: Escritora Serial.

Fichada por KALA Editorial: Jueves 1 de noviembre de 2007.

Antecedentes Literarios: Seguidora de Neruda, de Borges, Poe, Kafka, entre otros. No tiene estudios literarios y menos aún un titulo profesional.
Participa con un relato en el libro "Escritores Seriales. Antología 0.1"

Profesión Legal: Comenzó con danza clásica a los 8 años, siguió con el folclore chileno y latinoamericano, fue integrante del ballet folclórico de Chile (BAFOCHI), y más tarde conoció otro recoveco…la danza contemporánea, que hasta el día de hoy se enlaza en el suelo junto a ella.
Actualmente Estudiante de nutrición y dietética, (aunque muchos no le crean le encanta la ciencia).

Trastornos Mentales: Es caos y orden, andrógino, complicada y sencilla, triste y alegre, y no viene de un solo lugar… viene de todos lados… es INTI.

Cita: “Hijo de la rebeldía”.

Relatos publicados digitalmente en Kala Editorial:
- De exposición y manoseos - 1 de Noviembre de 2007.
- Mi espera - 3 de diciembre de 2007.
- Un golpe de suerte mediocre - 23 de enero de 2008.
- Caricias de dolor - 30 de abril de 2008.

De exposición y manoseos

Por: Rommy Morgado (Chile)

Aquí estoy, tirado sobre el mesón, con todos los ojos puestos en mi cuerpo, miro sus caras de asco, sus ojos fijos en mis ojos y en mi miembro, les asombra la forma y la conservación.

El mayor, con delantal blanco y unos guantes de goma, junto con unas pinzas, abre mi estómago con frialdad y naturalidad. La cara de horror de las asistentes es impresionante, algunas buscan mis ojos, otras esconden el rostro y las muy pocas soportan el espectáculo.

El del delantal, levanta el peritoneo, como él mismo dice, y muestra mi bazo, junto con mi hígado y mis pobres intestinos maltratados por la grasa de la mala alimentación. Para encontrar el bazo, se encarama sobre mi cuerpo de momia, e introduce como pala en el barro su mano grande, no siento nada, hasta que luego de buscar y buscar lo encuentra.

Parece que no huelo muy bien, seguramente mi olor es más desagradable que el momio de a lado, ya lleva más tiempo en esas condiciones y lo tienen abandonado y de exposición. Todos lo ven, parecen estar más acostumbrados a su presencia que a la mía, pues algunos vómitos me impresionan por la rudeza de expulsión.

Luego de todo el show, comienza la ronda de preguntas, una preguntó porqué me había esfumado del tiempo y del espacio, otras preguntaron dónde me habían adquirido y al parecer a una le interesé más, porque preguntó mi edad. El profesor -en ese momento supe quien era el tipo de las manos intrusas por las preguntas de las alumnas-, dijo: pregunten cosas más importantes. O sea, no soy importante, me meten y me sacan, me manosean y todo...pero no soy importante.

Eso me molestó y actué. Mientras seguían con su vista en mi rostro y se reían de mi bigote y corte de pelo, yo miré fijo a una morena, bien armada por cierto, que además había acertado a mi edad, 35 años. La miré tanto que incluso sentí su temor, luego hice mover mi mano rozando su pierna y algo más, muerto pero no tonto, y finalmente debido al caos provocado por el susto de la inocente pieza escogida y la bulla generada, mi cuerpo se alzó y cayó sobre el maestro. El maestro se rió y me miró diciendo: está bien, no te enojes más conmigo, enseguida coloco todo en su lugar, tu riñón, tu estómago, tus intestinos y hasta tu peritoneo en la posición debida, sólo deja de joderme las clases de anatomía.

Caricias de dolor

Por: Rommy Morgado (Chile)

¿Qué hace una mujer con la vida por delante y la muerte pisándole los talones? Lamentarse es una alternativa, válida por cierto, pero no la única.

Es triste saber que eras mi vida y mi muerte, no tengo que ocultar el dolor que siento al reconocer que me equivoqué, pero ya ves lo injusta que puede ser la justicia y lo amargo que termina una historia que tiene un inicio dulce. De sobra sabes lo que ha pasado, no es rara esta situación: tú sobre mí, tus caricias cada vez más duras, tus manos empuñadas, tus golpes en la pared y los gritos escandalosos que se escapan casi sin aliento de mi cuerpo. Tus pies sobre mis piernas pateando mis extremidades y torso, e insultando con el filo de la lengua y la palabra a ésta, tu mujer. Escena no cotidiana, pero tampoco rara en estas cuatro paredes que decidimos llamar hogar, cuando nos adentramos en la aventura de la convivencia. Eras tan sutil cuando me proponías hacer el amor, cuando acariciabas mi piel, cuando dejabas a un lado los tormentos de la vida acelerada de la empresa que estabas formando con tus compañeros de universidad. Todo eso me parece tan lejano ahora… y pensar que ha pasado poco tiempo desde entonces.

Inventé el otro día que me había caído de la escalera para disimular el moretón del brazo izquierdo y del ojo, mentira doméstica que justificaba la golpiza injustificada. Ya me inventaría una razón para estar contigo en la noche bajo las sábanas de mujer no amada e insatisfecha, para calmar la ira de la cual yo supuestamente era la responsable, para adormecer los sentidos y ahogar en un suspiro de súplica la razón. Así pasaban los días nefastos de esto que llamamos un día “relación”, y las mentiras de caídas idiotas siempre tendrían nuevos oyentes que no se tragarían el cuento.

No es necesario decir lo siento, de nada sirve si no lo sientes de verdad, sin embargo me gustaría preguntarte porqué lo haces; aunque sé que respuesta sensata no encontraré, ni tampoco razón para que aguantarte cada golpe, cada mala palabra, cada herida, cada mutilación. Muchos no me entenderían, tampoco exijo que lo hagan, porque ni yo lo entiendo ni justifico, aunque más de una vez lo hice. Me envenenaba cada mañana con el trago amargo del beso de despedida después de haber dormido sin gusto a tu lado, de haber sido tuya por las buenas, o por las malas la mayoría de las veces. ¿Qué deseos de amar puede tener alguien que no es amada? ¿Qué ganas puede tener el alma de vivir en un abrazo cálido, cuando la frialdad de la brutalidad arroja las sábanas? Me envenené con cada caricia suave pronunciada después de la fiereza de un acto impronunciable, con cada palabra de perdón deshonesta y tontamente creída.

Dentro de mí te inscribiste, habitaste y moriste; fuiste el principio de algo que parecía maravilloso, prometedor, divino, pero las sombras del mal no tardaron en oscurecer la luz que resplandecía en tus ojos. A veces pienso que siempre fuiste asi, y que la careta de niño bueno simplemente se cayó, así como cuando la ocasión hace al ladrón. Lamentarse es una opción, mas no la única, debí haber pensado en eso antes, mucho tiempo atrás, quizás no estaríamos como estamos: tú cerrando la puerta de improviso, yo tumbada en el piso con la mirada perdida, desorientados los movimientos, perdida la noción.

Ahora quedan sumergidos los problemas adquiridos con el convivir y olvidado el dolor externo presenciando la mutilación del corazón; queda también el telón abierto para estremecer con la escena, el pecho abierto para no ocultar los misiles recibidos: las caricias de acero, de plomo y pólvora que decidiste darme por cobardía, poca hombría o quizás porque así es la naturaleza de los que viven y matan como tú, poco a poco, con sutiles golpes que aumentan su intensidad sin notarlo, para dar al fin con la muerte súbita del silencio, la vergüenza, el miedo a las represalias y sobre todo a la autodestrucción.

No soy la única que muere con esto, muchas ya hemos muerto con la injusticia de la justicia a cuestas. Yo ahora tan solo te dejo mis caricias en un golpe de respiro final, que lo disfrutes, pues ya fuiste mi vida y mi muerte.

Un golpe de suerte mediocre

Por: Rommy Morgado (Chile)

Es cierto que no todo sale como lo planeado, lo sé, pero esta vez debía ser la excepción, sin embargo el destino se empeña en empañar la ventana de las oportunidades, en romper los sueños y enterrar los posibles aciertos. Terminé esta noche, como todas, en el fondo de la copa de coñac del antiguo bar, ahogando como el cobarde que soy, todos mis fracasos del día. Se suponía que hoy, precisamente hoy, tendría al fin el escenario perfecto para demostrar lo bueno que soy en mi trabajo, conquistaría al cliente que nos sacaría de la miseria que sufría la compañía, todo mi trabajo de meses se jugaba en treinta minutos, en treinta míseros minutos de los que todos dependían, dependíamos...

Me levanté más temprano que de costumbre, planché la camisa preferida de Camila, mi ex mujer, en realidad la mujer de mi vida, aunque la muy puta haya preferido los verdes gringos a unos verdes Ignacio Carrera Pinto, en fin..., ya no forma parte de esta, como la llamaría ella, mediocre vida. Retomando la mañana descrita, me dispuse a tomar mi café puro y mis tostadas, el jugo de naranja que había preparado la noche anterior, y unas galletitas. Salí a eso de las 8:00 AM a la oficina, lucía como todo un gerente, caminé con confianza por la calle, llevando en la cara un cartel que decía "este día es mi día"... Así me subí al micro, y bueno, mi tarjeta BIP, no tenía cupo, pero no importa, igual llegué a la oficina como un campeón.

Ordené la sala de reuniones como nunca, por primera vez todos estaban a mi orden, hasta Sofía, la recepcionista, se ofreció para ayudar, y eso es un gran logro, porque ella, tan señorita que sé, es una fiera...en todo sentido, y bueno, luego de lo pasado entre los dos, tan solo me habla para insultarme.

Al fin la hora pactada para el gran golpe de mi vida, el golpe que me llevaría a ser parte del directorio creativo de la compañía, el golpe que me llevaría a pagar las cuentas que adeudaba desde el divorcio, el golpe que me dejaría como el gran rey frente a todos y lo más importante... el golpe que le demostraría a Camila que en realidad no soy un mediocre, sino sólo un tipo que esperaba el momento indicado para brillar, y ese momento abría la puerta en este instante.

Ahí frente a todos, al verlo tan elegante me abalancé con mis puños a entregarlo todo, no pensé las cosas dos veces, tan sólo las dije, y las hice sentir, todos miraron asombrados luego de haber concluido la presentación, había dado el gran golpe, al fin, luego de tanto tiempo, había dado el gran golpe, le había roto el rostro al estúpido que compró a mi mujer... qué alivio sentí. Aunque claro, sigo con mi vida de miserable, Sofía me insultó, mi jefe me despidió, y la compañía se quedó sin cliente. Volví a la calle, con mi caminar de antaño, arrastrando los pies y cayendo en el mismo bar, en la misma copa de coñac y cantando la misma estúpida canción... "y sin embargo te quiero", aunque ahora sólo quiero irme y poner las manos en hielo... porque ya me duele ese golpe de fracasado despechado y la cuenta del bar no da para más.

Mi espera... tu espera

Por: Rommy Morgado (Chile)

¿Sabes? A veces te escucho llorar, sobre todo en las noches, parece que algo no anda muy bien y también parece que soy la causa de tu angustia. Otras veces siento tu carcajada de lejos, incluso cuando procuro dormir a mitad de mañana o en mitad de mi nado nocturno, en ese momento las aguas de por si se tiñen más turbulentas, pero siempre te siento cerca.

Estoy prisionera en estas paredes, tan amistosas por cierto, pero prisionera al fin y al cabo, no tengo mucho que hacer, tú siempre haces todo, bien o mal, pero siempre lo haces todo.

Has llorado mucho últimamente, el otro día escuché la pelea que tuviste con tu novio, fue fea y se dijeron cosas tan hirientes, recuerdo lo que le gritaste, algo así: pintaste mis labios de caricias y desvestiste mi intimidad, pero no procuraste no herirme y hoy te vas, aún sabiendo lo que has dejado dentro y aún amando como dices amar. Él te miró, pude sentir esa mirada que decía: Cobardes son los hombres, pues escasos saben amar, yo no. Luego mencionó un doctor M...., y tú lo hiciste callar, le gritaste llorando y riendo a la vez, de nerviosa creo yo. Estaba tan escondida que no me vieron ni escucharon, de repente se me escapó una patada a la pared de enfrente, pero ninguno de los dos le dio importancia, estaban muy ocupados.

Te confieso que no recuerdo el nombre de tu novio, como a veces tampoco quisiera recordar el tuyo, tu indecisión, tu duda, tus oscuros pensamientos, tu debilidad, quisiera olvidar aquellos intranquilos momentos. Hoy abrazo los días en que te veo feliz frente a un espejo, sonrió al verte de compras tan dichosa y preocupada por la cuenta, gozo tus duchas eternas de agua y crema, cremas para toda prevención de estrías. Añoro el día en que me veas tras esas paredes tan seguras que has forjado para mí y me mires llorando, llanto tranquilo y dulce.

El otro día compraste ropa de color blanco, estoy segura que intuyes mi color favorito, el mismo que el tuyo: rosado, por eso lo devolviste al otro día y por las dudas también llevaste un enterito lila, me pregunto si fue por si soy nutricionista igual que tú, o porque es el color que mi tata eligió para el dormitorio del recién llegado.

No llores más con angustia, llora de felicidad, porque te amo y me amas, sí me amas... Mamá: la espera terminó, voy a nacer...